POV VITTORIA ROMANOVA
Ya eran casi las cuatro de la tarde y, aunque aún sentía algo de sensibilidad en el pecho y un leve ardor al respirar profundo, mi cuerpo había comenzado a recuperar fuerzas. Lo suficiente, al menos, como para caminar sin tambalearme. El silencio del cuarto se me hizo pesado, así que decidí salir a tomar aire. Aleksey no estaba, y Milana me dejó ir con la condición de que no me alejara demasiado.
Crucé el amplio pasillo con pasos lentos, admirando cómo la luz del sol se co