—Señora Helena, sé que le han dado malas referencias de mi persona, pero creo que todos tenemos derecho al beneficio de la duda —indicó y se reflejó en la azulada mirada de la dama—, sé bien que no soy la mujer indicada para su hijo, sin embargo, soy la madre de su nieto, y eso no lo puede cambiar, me agradaría tener la oportunidad de conocerla, y que usted lo haga conmigo.
Helena inhaló profundo, la garganta se le secó, observó a Anne quien se veía muy conmovida, la enfermera asintió, y por