Gerald bebió un sorbo de café.
—Bueno al menos estás consciente que es una locura. —Sonrió—, jamás pensé verte casado —se mofó de su amigo.
En ese momento uno de los camiones de la compañía ingresó por el estacionamiento, y varios estibadores ayudaron con las cajas de Myriam, mientras ella y su amiga Elsa bajaban del auto que mandó Gerald a recogerla.
—¡Cuñada! —exclamó Kevin y se acercó a saludarla, bromeando.
Gerald frunció los labios y le brindó a su amigo una mirada llena de reproche