.72.
Miró su reloj de pulsera. Eran las siete de la tarde.
Pronto saldría y estaba segura de que Oliver ya la esperaba afuera del hospital.
Su marido nunca la dejaba caminar sola. Desde su primer día de trabajo, Oliver siempre había estado a su lado. No importaba cuál fuera su turno, él siempre la recogía. Para él, no había amanecer, madrugada o noche que importara; su prioridad era asegurarse de que ella regresara a casa a salvo.
No importaba cuán agotado estuviera por su trabajo, Oliver nunca fall