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—¿Entonces ya lo sabes? —preguntó con picardía.
Oliver le guiñó un ojo con una sonrisa traviesa.
—Ah, qué travieso —murmuró ella, devolviéndole la sonrisa. Encontraba encantador el gesto de su esposo y no pudo negar la emoción que sintió al escucharlo.
—No, mejor terminemos esto juntos, así podremos descansar temprano. Además, recuerda que tienes trabajo mañana —añadió.
Vio cómo Oliver hacía un puchero, claramente descontento con su respuesta, pero ella solo sonrió y negó con la cabeza ante su