Oliver bajó un poco la mirada, apenado pero honesto.
—Desde ese día… —tragó saliva— ese día que tomé tu feminidad. Es vergonzoso, pero real. Ese día, entendí que era el hombre más afortunado del mundo por tenerte. En todos los sentidos. Supe que no quería estar con nadie más que contigo.
La miró de nuevo, esta vez con los ojos brillantes por la emoción.
—¿Y tú? ¿Tú me amas?
—Sí… te amo —respondió Maya con la misma intensidad, mirándolo fijamente. Fue sincera, sin titubeos.
Oliver sonrió y la ab