Rodrigo Montalban.
Estoy en mi habitación, con Santiago acurrucado a mi lado. Desde que Ellie se fue, él no se separa de mí. Cada noche, me pregunta por ella, y yo me encuentro sin respuestas, sin saber cómo aliviar su dolor ni cómo encontrarla.
Es desesperante pensar que, aun con todas las pruebas de que ese malnacido es El Halcón, sigue libre, burlándose de la justicia internacional y haciendo lo que le place. La impotencia me consume.
—No cuento tan malos cuentos, ¿verdad? —le susurré,