Christopher, aún con la mente nublada por la rabia, salió furioso de la mansión y condujo a toda velocidad hasta el departamento de Alessio. El coraje latía en su pecho, cada pensamiento dirigido hacia lo que creía haber visto la noche anterior. Al llegar, golpeó la puerta con tal fuerza que los nudillos se le enrojecieron. Alessio, al abrir, no tuvo tiempo ni de reaccionar antes de recibir un puñetazo directo al rostro. Christopher lo empujó contra la pared con una fuerza brutal y lo agarró de