Luciana se encontraba abrazada a los brazos de su padre, sintiendo la calidez de su presencia mientras las lágrimas brotaban sin parar de sus ojos. El dolor y la traición la asfixiaban, y no podía contener el sollozo que se escapaba de sus labios. Camilo, a su lado, intentaba consolarla con suaves caricias en la espalda, aunque sentía que la rabia lo invadía cada vez más. La impotencia se apoderaba de él, y deseaba poder hacer algo, cualquier cosa, para aliviar el sufrimiento de su hija.
—Yo