Luciana se despertó temprano, sintiéndose nauseabunda. La sensación de malestar en su estómago era constante, como si una ola de incomodidad la envolviera. Con esfuerzo, se incorporó en la cama, y al mirar a su alrededor, notó que la luz del sol apenas comenzaba a filtrarse a través de las cortinas, creando un ambiente tenue y casi irreal.
Su mamá se acercó a ella, el rostro lleno de preocupación. En su mano llevaba una pequeña caja de cartón, que le entregó con un gesto serio.
—Mamá, yo