Luciana estaba exhausta. Había sido una semana interminable en la oficina, llena de tensiones y malentendidos. No podía soportar a Christhopher con sus constantes órdenes y su actitud déspota hacia los empleados. A esto se sumaba el comportamiento extraño de Santiago, quien apenas le dirigía la palabra últimamente, dejándola confundida y preocupada.
Esa mañana, mientras caminaba por los pasillos de la empresa, charlaba con una de sus compañeras de trabajo, tratando de distraerse de la tensión