Luciana se despertó temprano, una sensación de determinación la llevó a dirigirse a la mansión de los Montalbán. Sabía que necesitaba hablar con Gala, y su corazón latía con una mezcla de ansiedad y esperanza. Cuando llegó, la encontró en la sala, sentada en el sofá, y no pudo evitar sonreír al verla. Gala la saludó con un abrazo cálido, envolviéndola en un remanso de cariño.
—No hemos tenido tiempo de hablar, Lu... —dijo Gala, separándose un poco para mirar a Luciana a los ojos—. Ya me ha dich