Jueves por la mañana. Tres días después del testimonio.
Desperté con mensaje de Sara en mi teléfono.
Sara: Necesito verte HOY. Es importante. ¿Almuerzo?
Yo: ¿Todo bien?
Sara: Sí. Pero necesito contarte algo en persona. ¿A la una?
Yo: Perfecto. ¿Dónde?
Sara: Ese café que te gusta cerca de tu oficina. El que tiene las ensaladas buenas.
Yo: Ahí estaré.
León ya estaba despierto. Trabajando en su laptop desde la cama.
—¿Sara? —preguntó sin levantar la vista.
—¿Cómo sabes?
—Porque es la única persona