Tres días antes de la gala, Diego me pidió que pasara por su oficina.
—Dejé unos documentos que necesito para la reunión de mañana —me dijo por teléfono—. Están en el cajón superior derecho de mi escritorio. ¿Puedes traérmelos a casa?
—¿No puedes ir tú?
—Estoy en reunión con papá. Por favor, mi amor. Son importantes.
Suspiré.
—Está bien. ¿Qué documentos exactamente?
—Carpeta azul. Tiene el logo de Valverde.
Colgó antes de que pudiera preguntar más.
La oficina de Diego estaba en el piso ejecutiv