Miércoles por la tarde. Sara llegó al mediodía con bolsas de comida tailandesa y una energía que contrastaba brutalmente con el ambiente de fortaleza que se había convertido nuestra casa.
Carlos la había revisado discretamente en la entrada. Ella había notado.
—¿Ese es tu guardaespaldas? —preguntó cuando estuvimos solas en la cocina.
—Uno de ellos. Hay cuatro en total.
—Esto es una locura, Abril. Vivir así es una locura.
—Lo sé. Pero es temporal.
—¿Hasta cuándo? ¿Hasta que los Larraín estén en