Jueves por la tarde. Once días hasta el testimonio.
Había pasado la semana trabajando desde casa. Llamadas. Videollamadas. Revisión de documentos en pantalla. Todo desde la seguridad de mi oficina improvisada en el segundo piso.
Carlos Moreno permanecía en la sala de estar. Siempre presente. Siempre vigilante.
Me estaba volviendo loca.
León llegó temprano ese día. Cerca de las cinco. Inusual para él.
—¿Pasó algo? —pregunté cuando entró a la oficina.
—Sofía llamó. Quiere hablar contigo.
—¿Conmig