Sara apareció en mi oficina sin avisar. Algo que nunca hacía.
—Necesitamos hablar —dijo, plantándose frente a mi cubículo—. Ahora.
Miré la hora. 3 PM. Tenía dos reportes pendientes y una reunión en una hora.
—Sara, estoy en medio de...
—No me importa —me cortó, tomando mi bolso y mi chaqueta—. Vamos.
La firmeza en su voz no admitía discusión. Me levanté, ignorando las miradas curiosas de mis compañeros.
Nos metimos en su auto. Manejó en silencio durante diez minutos hasta un café que no conocía