Llamé a Daniela el lunes siguiente.
Contestó al segundo tono con la voz de alguien que está en medio de algo, pero contesta igual porque reconoce el número.
—Abril. Hola.
—¿Mal momento?
—Reunión en diez minutos. Pero tengo diez minutos. ¿Qué pasa?
—Tengo una propuesta para ti. —Pausa. —Quiero que vengas a trabajar a la Fundación.
Silencio.
—¿Como qué? —dijo finalmente.
—Directora de operaciones. Inés se va a Londres en septiembre. Necesito a alguien que conozca cómo trabajamos, que sea rigurosa