Inés se fue un martes de septiembre.
No era el día más dramático de la semana para irse. No era viernes con todo el peso simbólico del fin de algo, ni lunes con la energía de los comienzos. Era martes. Ordinario. Lo cual era completamente Inés, que nunca había necesitado la escenografía correcta para hacer las cosas importantes.
El vuelo salía a las tres de la tarde.
León había querido llevarla al aeropuerto desde que supo la fecha. No lo dijo directamente, lo dijo de la forma en que León decía