El domingo por la mañana desperté con determinación renovada, hoy hablaría con León, hoy sería honesta sobre todo lo que quería, hoy arriesgaría todo.
Bajé a desayunar encontrando a Héctor en cocina preparando tostadas.
—Buenos días, señora, ¿durmió bien?
—Sorprendentemente sí, Héctor, ¿puedes preparar café extra fuerte?
—Por supuesto.
Estaba revisando notas que había escrito anoche cuando el timbre sonó, miré mi reloj marcando apenas las nueve de la mañana.
—¿Espera visita? —preguntó Héctor.
—