Sábado por la mañana desperté en cama vacía, León ya se había ido a Buenos Aires sin despedirse, solo nota en cocina que decía "Volveré domingo por la noche, respeto tu espacio, pero espero que podamos hablar cuando esté listo. Te amo."
Arrugué la nota y la tiré a la basura, luego inmediatamente la rescaté y la guardé en cajón, no sabía qué sentir sobre gesto que era simultáneamente considerado e insuficiente.
Héctor apareció en cocina con expresión preocupada.
—Buenos días señora, ¿desayuno?
—