Miércoles. Día del evento.
Me desperté a las seis con el estómago revuelto. Sentía los nervios a flor de piel, junto al miedo y la adrenalina.
León ya estaba levantado, vestido y con su típico café hecho.
—¿Dormiste? —me preguntó.
—Poco. ¿Tú?
—Nada.
Desayunamos en silencio. Ninguno tenía hambre realmente, pero necesitábamos energía.
A las siete llegó Patricia con su equipo de preparación.
—¿Lista?
—Tan lista como puedo estar.
Me llevaron a una habitación privada. Me pusieron chaleco antibalas d