Jueves por la mañana, desperté en el hospital con el brazo vendado y León dormido en una silla junto a mi cama, su mano todavía sosteniendo la mía incluso en el sueño, como si tuviera miedo de que desapareciera si me soltaba.
Me moví ligeramente y él despertó de inmediato, sus ojos me buscaron con urgencia antes de relajarse al verme despierta.
—Buenos días —dije con voz ronca.
—Buenos días, no deberías moverte todavía, el doctor dijo que necesitas descanso.
—Estoy bien, es solo un rasguño.
—La