Nikita:
Reposo sobre el amplio pecho del único hombre capaz de hacerme sentir débil.
Yura Ivanov es mi perdición.
Lo supe el primer día que lo vi, en la boda de mi hermana y lo reafirmé en mi mente esa misma noche en que ambos abandonamos nuestras habitaciones y nos encontramos “ por casualidad” en el invernadero de la que entonces era la mansión Ivanov aquí en Moscú.
Él estaba comprometido, y yo ya le había echado el ojo al vejestorio que sería el primero de mis esposos, pero eso no nos impidi