Si las miradas mataran, la italiana lo fulminaría con la suya. Lo estaba mirando con una expresión de odio que francamente, le hacía mucha gracia.
Por un momento consideró ponerle también una venda en los ojos, y buscando una venda cuya tela fuese lo suficientemente ancha como para cubrirle casi todo el rostro, procedió a venderla.
—No podrás ver pero sentirás todo lo que hago contigo, baranina, para que aprendas de una vez a comportarte.- murmuró, acercándose a la mesa donde estaban los objet