Sofía:
El cachorro tiraba de la correa con gran efusividad. Quien lo viera tan animado y juguetón, no sospecharía que hacia pocos días había estado al borde de la muerte. Yo lo llevaba asido de un collar y de una cadena, intentando enseñarle a comportarse.
—No, bebé. No muerdas los tobillos de mamá.- regañé al lobito por decimoquinta vez, cuando me dí cuenta de que me había alejado peligrosamente del cubil.
Frente a mí, tenía un cementerio.
Las tumbas estaban marcadas con cruces de madera o si