Tan pronto como llegaron al hospital, Mikel volvió a tomar la mano de Alexa, pero esta vez ella se soltó.
—Dime, ¿qué sucede? ¿Qué hacemos aquí? Y no vuelvas a tomar mi mano; ya sabes cómo se molestó ayer Antón.
—Está bien, lo siento, pero tu mamá te está esperando en la habitación 143.
—¿Mi mamá? ¿De dónde le conoces?
—Solo entra.
Ella caminó tras el doctor y subieron hasta la habitación de su padre.
—Doctor, usted me está diciendo que mi esposo no podrá caminar y que tampoco nos recuerda.
—El