—¿Nico? ¿Le pasó algo a la mujer del barranco?
—No, pero ella quiere verte.
—¿Para qué?
—No sé, tal vez quiere agradecerte.
—¿Y para eso me haces venir? Acabo de encontrar un trabajo y podría perderlo.
—Lo siento, no lo sabía. Pero ya que estás aquí, pasa a verla.
Ella asintió y abrió la puerta lentamente. Inma se exaltó y miró a la mujer extrañada.
—No me lastime.
—Tranquila, soy Raquel.
—¿No eres enviada por él?
—No, yo soy la persona que le ayudó anoche.
Ella se sintió más tranquila.
—Me dij