Aquella noche, Alexa se quedó toda la noche con su padre, marcando incesantemente a su esposo, pero este no le respondía las llamadas. Por último, apagó el teléfono para no tener que ver el nombre de "Amorcito" sobre la pantalla.
Se encontraba en una discoteca, bebiendo copa tras copa. El de la barra le servía coñac sin detenerse. Con los pensamientos ocupados por Alexa, Antón bebía sin parar, hasta que la mano de una agradable mujer rodó por su pecho.
—¿Luna? ¿Qué haces aquí?
—Lo mismo pregunt