Cuando el abogado llegó a casa de los Durant, Mario le recibió con mucho entusiasmo.
—Bienvenido, abogado Marqués, tome asiento.
—Gracias —expresó Marqués al extender la mano.
—Cuéntame, ¿qué le trae por aquí? —indagó al extender una copa.
—No, gracias; no le hago a la bebida.
—¿En verdad?
—Señor Mario, no he venido a tener una reunión de amigos con usted.
—Entonces, ¿a qué vino?
Marqués extendió unos papeles para que Mario firmara.
—Son los papeles del divorcio.
—¡¿Qué?! —exclamó, levantándose