Capítulo treinta. Reproches
Jake
Mantengo la sonrisa congelada en la cara mientras el fotógrafo dispara la última ráfaga de flashes. Siento la luz blanca quemándome las pupilas, pero el verdadero fuego lo tengo por dentro, subiéndome por el cuello, asfixiándome. En cuanto el entrevistador estrecha mi mano y nos agradece la «exclusiva del año», el aire me falta. Donna se levanta de la silla con la elegancia de una reina, despidiéndose con un gesto sutil antes de girar sobre sus talones y caminar de regreso al pasillo de la