Capítulo cuarenta y ocho. Al fin en casa
Jake
La camioneta de Roland se detiene por fin frente a una casa de madera bastante grande, rodeada de corrales y árboles enormes. Es un lugar rústico, sencillo, todo lo contrario, a los pent-houses de lujo a los que estoy acostumbrado en Manhattan. Si me hubieran dicho hace un mes que terminaría metido en un rancho en Utah, me habría reído en la cara de cualquiera. Pero aquí estoy, molido a golpes y buscando la aprobación de una familia que ni siquiera conozco.
Tampoco es que me interese mucho