Capítulo cincuenta. Un encuentro conmigo mismo
Jake
Escucho las risas infantiles y el sonido de unos pasitos que se acercan. Me pongo recto en el sillón o por lo menos lo intento, ignorando la punzada horrible en mis costillas rotas. No me importa el dolor. Me acomodo la sudadera con manos torpes y clavo mi mirada en la entrada del pasillo.
Entonces, Donna aparece sosteniendo de la mano a un niño de más o menos cinco años vestido con un vaquero y una camisa a cuadros. Mi asombro no tiene límites, casi no respiro, el niño tiene el cabello cl