Capítulo setenta y tres. Incomodidad total
Jake
El día se terminó. Las luces de neón de Manhattan ya están encendidas, reflejándose en el asfalto húmedo de la ciudad. El cansancio del viaje y los dolores del accidente finalmente me pasan factura en el cuerpo. Miro de reojo a Donna y a Derrik; el niño viene medio dormido, apoyado en el regazo de su madre. Es hora de terminar con este circo que preparó Vera sin siquiera consultarme.
Me aclaro la garganta y, con voz firme, le ordeno al chofer de la limusina que nos deje en el West Side.
E