Capítulo setenta y cinco. Casada con el enemigo
Donna
Después de dejarlo con la palabra en la boca, doy vueltas por el pasillo, no tengo el valor de entrar a la habitación de huéspedes y arriesgarme a despertar a Derrik con mi rabieta que no es infundada. Tampoco pienso pisar la recámara principal. Busco un juego de sábanas en el armario que está en el mismo pasillo, regreso a la estancia y me tiro sobre el inmenso sofá de cuero. El material se siente frío contra mi piel, tan frío como este apartamento. Me cubro hasta los hombros, mirando fi