Capítulo setenta y seis. Dolor del alma
Donna
¡No sé qué m****a se cree!
Es un imbécil tratando de tener una de mentiras tal como todos los ricachones que no entienden el valor de una familia o peor aún, la responsabilidad. Yo no soy esa mujer que el quiere, no soy una muñeca de plástico que siempre va a sonreír y a aceptar todo lo que él desea.
Está demente si espera que haga lo que pretende porque yo no soy Barbara Connely que es una mansa paloma. Estamos encerrados en un contrato que no solo nos une, sino que nos da igualdad de de