Capítulo ochenta y ocho. A las armas
Jake
—Sabía que era ella, te dije que esa mujer no se quedaría con lo que le hice en Iowa —gime Donna avergonzada por lo que sucedió hoy en el Mall.
—Mi niña, tu eres una verdadera dama. No llores, les haremos frente. Recuerda quienes somos —asiente. Se seca las lágrimas.
—Es que no quiero que, por mis malos actos, mi hijo se vea involucrado en un escándalo. No quiero que salga dañado —me siento muy irritado.
Camino de un lado a otro en el despacho de mi padre. Ya Donna me lo había advertid