Capítulo ochenta y cuatro. Nuestro destino
Jake
Ajusto las correas del asiento de Derrik en la parte trasera del auto de Donna. Veo las flores que le regaló y sonrío ladeado, creo que mi hijo me ha dado una perfecta lección de que debo prestar mucha más atención a su madre. No puedo evitar sentirme orgullosos de él, es un caballerito en toda regla que ama a su madre, la respeta y le obsequia detalles.
Y yo soy un imbécil que ni siquiera sabe que le gusta.
Aunque la conozco perfectamente bien, no tengo claro que le agrada o que le gusta