Capítulo noventa y tres. Desviando la atención
Donna
Bárbara deja al joven con una sonrisa en los labios y camina elegantemente a la entrada del Centro Comercial. Yo me quedo boquiabierta por la soltura que manifiesta, pareciera que siempre hubiese tratado con este tipo de conflictos o, que toda su vida los hubiera solventado.
Vera y yo la seguimos con mi hijo de la mano o, más bien del brazo: yo todavía pasmada al ver que Bárbara se siente muy cómoda con lo que está haciendo. De haberlo sabido la habría utilizado antes como el escudo que e