Capítulo noventa y cuatro. Reflexiones, pasión y secretos bien guardados
Donna
—¿Podrías guardarme el secreto por favor? —escucho a Vera decir con voz temblorosa —. Quiero que lo sepa por mí, no sé cuándo se lo diré, pero no quiero que lo sepa…
—¡Calma! —aprieto su mano. Decidimos que iríamos juntas atrás por Derrik que estaba somnoliento y que se ha quedado dormido en la sillita —. Jamás le diría nada ni a él, ni a nadie, Vera. Descuida —susurro para que solo ella escuche.
Me mira, sonríe y aprueba mis palabras con un movimiento de su cabeza. Veo que sus ojos se