Capítulo cinco. Acoso
Donna
Siento que el piso se hunde bajo mis pies. Mi corazón se fragmenta en el momento que me percato de que Jake se encuentra en la puerta de la habitación justo frente a mi y debo colgar el teléfono para acto seguido: apagarlo. Nuestras miradas chocan, siento mi rostro arder, pero no le permito ver que pierdo la compostura. Jamás sabrá que tengo un hijo y menos que Derrik, es suyo.
—Vaya. Parece que el gato puede hablar —su sonrisa insinuante me molesta —. Dile que mi madre es maestra de Jardi