El amanecer llegó sin traer calma. En la mansión, el ambiente seguía cargado de tensión. Los guardias hablaban en voz baja, los pasos resonaban en los pasillos como ecos de una amenaza que aún no se había disipado. Elena no había dormido en toda la noche.
Desde la ventana de su habitación observaba a Alejandro, que caminaba de un lado a otro en el jardín, hablando por teléfono con alguien. Aunque estaba demasiado lejos para escuchar, podía ver la rigidez de su postura, la manera en que su mandí