—No me iré. Si el guardaespaldas se atreve a echarme, juro que lloraré frente a tu florería todo el día, dejándote en ridículo. Ya no tengo reputación que perder, pero tú eres diferente. Eres la esposa del segundo hijo de la familia York.
—¡No creo que no te importe la reputación! Aunque a ti no te importe, ¿no le importa a la familia de tus suegros? Aunque toda la familia York te proteja, los demás dirían a tu espalda que no eres digna del señor York.
—¡Si no fuera por ti, me habría casado con