La anciana le fulminó y le dijo, —¿Qué? ¿No vas a escucharme?
Arturo miró a los mayores presentes, ninguno de los cuales habló.
A nadie le pareció que la vieja señora York se estuviera entrometiendo.
Bajo la mirada descontenta de la abuela, Arturo sólo pudo volver a sentarse impotente en el sofá y decir, —Bueno, esperaré aquí a que vuelva la señorita Carina y la mandaré al hotel.
¿Por qué la abuela no dejaba de crearle oportunidades para relacionarse con otras chicas?
Carina vestía ropa sencilla