—Pues gracias.
Quiana se metió el dinero en el bolsillo del pantalón y sacó el celular pidiendo comida para todos.
—Comeremos más tarde.
Alejandro contestó riendo: —Casi no como nada más después de cenar.
—Vale, pues nada. Quizá sea porque hacemos mucho ejercicio y si no comemos algo después de la cena, siempre tenemos mucha hambre para dormir. Pero suelo ir a casa a comer porque mi mamá nos prepara las comidas.
Cuando Quiana terminó la llamada, se levantó y le dijo a Alejandro: —Vamos, los chic