—Estás perdiendo mucha sangre, Leandro. Necesito que te hagas un torniquete con tu camisa ahora —dije mientras no apartaba mi vista del frente.
—Sería muy gracioso morir frente a una doctora, ¿no crees? —no sabía si quería fastidiarme o qué, pero era muy probable que la pérdida de sangre le estuviera afectando.
—Leandro, no digas estupideces. Necesito que te concentres, por favor. Necesito que te quites la camisa y la amarres sobre tu herida con fuerza —desvié mi mirada para verlo, quien estaba