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No sabía ni siquiera qué seguir inventando. El juez notó cierta incongruencia en lo que Matt estaba mencionando, así que pidió pruebas; sin embargo, no tenía ninguna que dar.

Estaba claro: yo era inocente y Matt estaba desesperado. El caso no tenía sentido y muchos notaron eso. Mi vista se dirigió al público y un hombre llamó mi atención.

Un hombre asiático de unos cuarenta o cincuenta años estaba mirando atentamente desde una de las sillas.

Miré en dirección a Leandro, quien estaba observando
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