—Me llamo... Berta García.
Berta, aturdida un rato, escupió las palabras. Se dio la vuelta y continuó a ordenar las estanterías.
Santiago se sorprendió un poco.
—¿Te apellidas también García?
—¿Cómo?—Berta le miró.
Santiago sacudió suavemente la cabeza, con el perfil frío, vagamente teñido por un atisbo de sonrisa.
Qué casualidad que su apellido también era García.
Pero su mamá se apellidó García antes de casarse.
Con esa razón especial, Santiago no pudo evitar mirarla más.
A diferencia del aspe