Sentía que debía decir algo, pero no sabía qué decir.
Cuando recordaba la noche... Era como hormigas royendo su corazón, el dolor era insoportable.
Sin embargo, si él no hubiera estado aquí, ella no habría podido arreglárselas sola.
Berta se mordió el labio inferior mientras las palabras corrían por su mente como un relámpago:
Tres días, licencia de matrimonio, tienda destrozada...
Respiró hondo y se le ocurrió una idea audaz.
—San... Santiago— Ella trató de llamarlo—. Te llamas Santiago, ¿verda