—¡No te preocupes, mamá!
—No tienes otra habitación para quedarse, ¡así que dejamos que duerma en el suelo del salón!
—Esto...
—Y—Mónica dijo con fuerza—. ¡No creas que yo le trate bien!
A Berta se le apretó el corazón, abrazó a su madre y le dio unas palmaditas en la espalda.
—Mamá, en realidad... Ese tipo tiene sus ventajas—Ella se rió entre lágrimas, y sólo captó lo bueno para decir—. Mira, es alto y fuerte. ¡Siento seguridad para tenerlo en casa! Si realmente no te gusta, sólo lo tomas como.